Daniela estaba abstraída en sus recuerdos, en un lejano espacio vectorial, distante de aquella sala atestada de alumnos, donde su único contacto eran los frecuentes escalofríos que le producía la tiza desgarrándose sobre el pizarrón, teniendo como telón de fondo esa voz asexuada, demasiado ronca para ser femenina, que pontificaba sobre la importancia de los silicatos.
La imagen de Roberto la perseguía desde la mañana, al repasar una y otra vez, lo ocurrido en la tarde del día anterior, donde la pasión y el entusiasmo los llevó más allá del punto de no retorno, en su primera experiencia real fuera del simulador de vuelo, pero una inesperada llamada telefónica originó un aterrizaje de emergencia, instantes después de haber despegado con destino a la luna.
Daniela cogió el auricular sofocada aún por la excitación y escuchó esa voz tan querida que le decía:
- Danielita, le dejé unos ravioles en el refrigerador, caliéntelos en el micro-ondas, apenas llegue su papá dígale que se venga donde la Eulalia...
- Sí, mamá, le diré...
- Pórtese bien, mijita, adiós.
Esa última frase produjo en ella un efecto instantáneo, cayendo en un estado de alelamiento profundo, mientras Roberto visiblemente insatisfecho intentaba reanimarla sin éxito, produciéndose finalmente un violento altercado, al negarse Daniela a intentar un nuevo despegue, como quería el ardiente joven.
Daniela estaba confusa respecto a lo ocurrido, ya que ambos tenían claro hasta donde podían llegar en sus juegos eróticos, sin poner en peligro su virginidad, pero anoche se había ido mucho más allá de lo acordado, sin que ninguno de los dos hiciera un amago por detenerse y fue sólo una casualidad que los interrumpió.
Ella se daba cuenta que su propia excitación la obnubilaba y cada vez le resultaba más dificil discernir cuando la nave perdía contacto con el suelo para iniciar el vuelo.
Después de la experiencia de ayer le quedaba claro, que su acompañante estaba ansioso por realizar su primera experiencia como comandante, en cambio ella, solo quería calentar motores y correr por la pista, evitando siempre alcanzar la velocidad de despegue.
En su relación con Roberto ya habían hablado de este asunto, ambos sabían que las caricias habían ido ganando en intensidad y el autocontrol se debilitaba cada vez más, y cualquier día terminarían volando con el piloto automático. Esta percepción de debilidad conjunta, hizo que ella aceptara que Roberto comprara los famosos Life Styles, como una protección adicional, para el caso en que fallaran los intentos por detenerse a tiempo, pero en ningún caso, significaba que había un acuerdo explícito, para tener la primera experiencia sexual completa.
Una pregunta de la profesora la hizo volver bruscamente a la realidad:
- Dígame, Daniela, un ejemplo de un co-polímero insaturado...
- ¿Un queeeé, señorita...?
Una carcajada general acompañó la respuesta de Daniela, salvádola de una anotación en el libro, ya que la clase despertó alegre del sopor profundo en que se encontraba y transcurrieron varios minutos antes de que se restableciera la calma para que esa voz gutural pudiera continuar enseñando esa difícil materia.
En el recreo de mediodía apareció Roberto buscándola para compartir la colación que ambos habían llevado al colegio, pero Daniela aún estaba disgustada con él, por la pelea del día anterior, así que muy fría le dijo:
- Mira, Roberto, no quiero saber nada de tí, así que anda a almorzar con tus amigos...
- Pero, Dani, si lo de ayer fue producto del momento, estaba furioso, pero me duró muy poco, apenas salí de tu casa me empecé a calmar...
- ¿Y el portazo que diste al irte, dejándome botada..?
- Sí, lo reconozco, pero no volverá a pasar...
- No, Roberto, ayer te excediste en todo, así que hasta aquí no más llegamos...
El la miró sorprendido y no podía creer que después de tantos meses juntos, su relación terminara tan abruptamente, así que decidió jugarse por entero y se acercó para abrazarla, pero recibió de parte de Daniela un fuerte empujón, quien acto seguido, se dio media vuelta regresando con su grupo de compañeras.
Roberto se quedó paralizado en medio del patio y después de un rato volvió a su clase, sin insistir ante ella, porque sabía de su carácter determinante y más valía dejarla sola por ahora.
Pasaron varios días sin verse y hablarse, y cuando en el colegio se cruzaban ambos se hacían los indiferentes. La noticia corrió como un reguero de pólvora, y apareció una corte de pretendientes dispuestos a llenar el trono vacío, pero Daniela sólo deseaba estar sola.
Al cabo de una semana, Daniela empezó a sentir la fuerza del síndrome de carencia y cada vez que sonaba el teléfono brincaba pensando que podía ser Roberto, pero él no llamaba y ella notaba que su capacidad de concentración estaba alterada, con sus propias fantasías sobre un posible reencuentro.
Un martes en la tarde, sonó el timbre de su casa y cuando abrió la puerta, encontró a Roberto mirándola sonriente, con los brazos atrás escondiendo algo. Daniela lo hizo pasar y él le entregó junto a un ramo de flores, un pequeño regalo.
Conversaron largo rato en forma tranquila hasta que finalmente llegaron al acuerdo de reanudar su pololeo, besándose con más ganas que nunca, después de este largo período de soledad.
En los días siguientes todo volvió a la normalidad, en su curso esta noticia fue el comidillo de la semana y Daniela se veía feliz.
En los encuentros vespertinos, en casa de Daniela, volvieron a lo de siempre, y diariamente repetían el ritual amoroso que imaginariamente los situaba en un aeródromo con un avión a punto de despegar, pero que en último momento, rehusaba elevarse por decisión de los pilotos.
Un sábado regresaron temprano de un asado y se encontraron solos en casa de Daniela, ya que sus padres habían salido a comer donde unos amigos y aprovecharon de instalarse en la habitación matrimonial para inaugurar el aeropuerto internacional, donde se dispusieron a iniciar su juego amoroso habitual, con la televisión encendida.
Había transcurrido un buen rato, ambos estaban más desinhibidos que nunca, por el efecto del vino y la cerveza del asado, y cuando estaban en medio de la pista con los motores a máxima potencia, se vio en la televisión una escena en el interior de un avión, donde se escuchó la voz del capitán que decía:
- Tripulación tomar asiento, estamos a punto de despegar...
Ambos se miraron, se rieron y Daniela le dijo a Roberto:
- Amorcito prepárese, el comandante anunció despegue inmediato...

Abril 1998