ATRAPADA EN LAS TINIEBLAS

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Un fugaz rayo de luz pareció emerger a través de la nebulosa de añejos recuerdos disociados de doña María, provocando en su ajado rostro un atisbo de sonrisa.

  • No sé, no recuerdo nada - fue su lacónico comentario

Los hijos observaron estupefactos la reacción de su madre ante la infausta noticia.

  • Pero, mamá, eres la única que sabía de su estado mental...

Sus pequeños ojos se obnubilaron nuevamente y un oscuro silencio fue su respuesta.

  • ¿Estás enferma, madre, te sientes mal? - preguntó Carolina
  • Estoy muy bien y me agrada mucho tenerlos juntos una vez más...

Nadie quería insistir en el tema, pero era evidente que la señora María no estaba en sus cabales y no entendía nada de lo sucedido.

  • ¡Eleuterio, ven a ver a los niños...! - gritó moviéndose agitada en su cama.

Una robusta enfermera se acercó presurosa hasta donde ella se encontraba y le dijo:

  • ¡Cálmese, señora, don Eleuterio no está aquí...!

La señora María pareció no entenderla y siguió con su imaginario diálogo:

  • Terio, ¿ya saludaste a los niños?

Carlos, su hijo mayor se sentó a su lado y acarició aquel papiro rugoso de piel que envolvía su mano.

  • No me toques, infeliz, que ya me hiciste 7 hijos...
  • Pero, mamá, si soy Carlos, tu hijo mayor...

La anciana miró fijamente un crucifijo que colgaba enfrente y musitó:

  • Jesús, María y José, no soporto más este calvario... Eleuterio, me quiero ir a casa...

Los hijos no comprendían las incoherencias de su madre y uno de ellos volvió a insistir:

  • Mamá, ¿es cierto que no recuerdas nada...?
  • Recuerdo muy bien todo lo sucedido, pero no puedo hablar delante de una manada de búfalos sonrientes...

Los hijos se miraron dubitativos entre sí y salieron de la habitación para comentar la situación.

  • Hasta la semana pasada estaba muy bien, su comportamiento era normal, pero parece que ahora anda perdida en alguna galaxia... - comentó Carlos a sus hermanos
  • ¡Qué pena, parece que no recuerda nada de lo sucedido...! - dijo Carmen

Mientras los hermanos deliberaban acerca de esta inesperada situación, se escuchó un grito aterrador del interior de su pieza.

  • ¿Ahora quieres matarme porque estoy vieja y gastada, degenerado...?

Cuando intentaron entrar, su madre salió rauda de la habitación escapando de un perseguidor imaginario, en camisa de dormir.

Sus hijos corrieron tras ella por el frío pasillo del hospital alcanzándola cuando se disponía a bajar al piso inferior por la escalera. Entre todos la sujetaron tratando de calmarla, mientras ella seguía vociferando:

  • Mátenme si quieren, pero él no heredará nada, en mi testamento lo excluí expresamente por cínico y abusador...

La oportuna intervención de una enfermera ayudó a tranquilizarla y la reresaron a su cama.
Entre los hijos cundió la desazón, nadie sabía si ella había perdido la razón después de ocurrido el desgraciado accidente o si ella sentía alguna responsabilidad en la tragedia.

Una hora más tarde llegó su médico de cabecera que la examinó con detención durante largo rato y después salió para informar a sus hijos:

  • A simple vista parece que su madre está atravesando por una crisis aguda de demencia senil, pero no estoy completamente seguro, a ratos está muy bien, se ve lúcida y coherente...

Carlos confundido por esta explicación, le preguntó:

  • Pero, doctor, ¿cómo es posible que en sólo una semanas haya pasado de la más completa lucidez a este estado incontrolable de confusión mental...?
  • No lo sé, a veces estas crisis son ocasionadas por fuertes traumas emocionales...

Ellos se miraron entre sí y comentaron:

  • La muerte accidental del papá debe haberla enloquecido...

El viernes de la semana anterior había ocurrido el penoso suceso, en que don Eleuterio fue encontrado muerto en el patio de luz del edificio, producto de una caída desde el tercer piso donde vivía.
No se sabía como había ocurrido el accidente, aunque la policía presumía que fue un hecho casual acaecido a medianoche.

La señora María al regresar esa mañana a su casa, después de haber pasado la noche donde una de sus hijas, se encontró con una muchedumbre incrédula agolpada en torno al patio interior, comentando el hecho.

La policía había acordonado el lugar esperando la llegada del juez. Al saber quien era el accidentado, la señora se desquició y fue necesario internarla en un hospital.

Ella empeoraba cada día, ahora ya no reconocía a nadie, se sentía atacada por desconocidos que querían dañarla y al anochecer llamaba a gritos a su querido Terio para que viniera a acompañarla.

Los hijos viendo la evolución negativa de su madre, decidieron sacarla del hospital y llevarla a una casa de reposo, donde estuviese bien atendida día y noche.

El día del traslado llegaron al hospital acompañados por su tía Ema, para que los ayudara a tranquilizarla si se ponía difícil.

La señora María dormitaba cuando irrumpieron en su habitación, pero al ver a su hermana, se irguió y sonriente le dijo:

  • Querida Ema, no sabes el gusto que me da verte, ¿cómo has estado?...

Los hijos estaban sorprendidos ante la repentina lucidez de su madre, pero antes de decir algo, ella les ordenó:

  • Salgan de mi pieza, niños, quiero hablar a solas con Emita...

Apenas salieron sus hijos, la señora María comentó en voz baja a su hermana:

  • Emita, ayúdame por favor, estos niños quieren internarme en un manicomio y estoy perfectamente bien...
  • Pero, ¿sabes que le sucedió a Eleuterio?
  • Por supuesto que sí, hermana querida. El pobre Terio estaba muy enfermo y no quiso sufrir más, por eso aprovechó mi ausencia para escaparse al otro mundo...
  • ¡Qué alegría me da verte así...!
  • Sí, Emita, estoy muy bien, aunque un poco nerviosa...¿Podrías ir donde los niños y decirles que Terio nos pasará a buscar en 10 minutos más para ir a la playa...?

Firma
Enero 2000




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