Era un día nublado con posibilidades de tormenta, la información metereológica que se disponía acerca de la ruta hacia Miami, indicaba que habría algunas áreas de mal tiempo, lo cual sería una incomodidad para los pasajeros.
El comandante Peragallo se sentía tranquilo ya que éste era un vuelo de rutina, en la ruta habitual. El copiloto era un joven recién ascendido, de apellido Lizama y como ingeniero de vuelo, venía Jorge Peralta, un viejito experto próximo a jubilar.
Peragallo puso en marcha los motores del avión y al cabo de algunos instantes, inició el carreteo por la pista hacia el cabezal norte, para iniciar el despegue.
Para Lizama este era su primer viaje como copiloto en el trayecto hacia Miami, pero él estaba seguro que podría desempeñarse en forma adecuada teniendo al lado, al profesor Peragallo y al abuelito Peralta.
Pasaron algunos minutos y recibieron la orden de despegar. Peragallo aumentó la potencia de los 4 motores al máximo y el viejo 707 iniciaba una nueva travesía, demostrando la gran calidad de este modelo, a pesar de su antiguedad.
Una vez que lograron la altura de crucero, Peragallo siguiendo con su inveterada costumbre, se levantó de su asiento y se dirigió al sector de primera clase, para departir con los pasajeros, aplicando su poítica de atención personalizada.
El copiloto Lizama quedó a cargo de la dirección de la nave, mientras Peralta, cabeceaba de sueño frente al complicado instrumental. La única escala de acuerdo al itinerario sería Panamá, para lo cual faltaba algo más de 6 horas.
Lizama colocó el piloto automático y se dedicó a hojear una revista con chismes del jet set.
Cuando terminó de leer las revistas de vida social, se dejó llevar por su imaginación y en un estado de duermevela, recordó vívidamente la cara de su padre, cuando le informó que abandonaba Leyes para dedicarse a volar.
Estaba congestionado, furibundo, ¡qué gran decepción le produjo su decisión!.
Esa imagen siempre lo había atormentado, y sentía que lo había defraudado profundamente. Lizama despertó sobresaltado, se tocó la cara y vió que estaba transpirando, el sillón de Peragallo estaba vacío y don Jorge Peralta estaba roncando. ¿Dónde estarían? ¿Irían en el rumbo correcto?
Miró hacia abajo y sólo vió un oscuro manto de nubes. Consultó su reloj y había transcurrido casi 6 horas desde que iniciaron el vuelo. Debía descender para aterrizar en Panamá, de acuerdo al itinerario. Lizama se levantó de su asiento y remeció a don Jorge para despertarlo.
El viejito despertó asustado, diciendo:
- Ya, Matilde, me voy a levantar...
Lizama preocupado por la situación, le dijo:
- Don Jorge, tenemos que descender, vea por donde andamos...
Peralta trató de justificarse ante el joven copiloto:
- Parece que eché una cabeceadita, no más...
Peralta se concentró en los instrumentos durante un largo rato y después de un exhaustivo análisis dictaminó:
- Estamos fuera de la ruta, nos hemos alejado mucho del continente y estamos a 350 millas al noroeste de Colombia.
- Pero, Don Jorge, si yo no he variado el rumbo desde que despegamos...
- ¿Cómo, no modificó el curso cuando sobrevolábamos Lima?
- No, Don Jorge, recuerde que este es mi primer vuelo al extranjero...
- Pero, ¿se comunicó con la torre de control de Perú?
- No, yo no he hablado con nadie...
- Con razón estamos tan alejado de nuestra ruta. Voy a avisarle al comandante Peragallo...
- Está loco, don Jorge, por favor no vaya...
Mientras decía esta frase Lizama, recordaba la imagen acusadora de su padre que lo señalaba con el dedo, tratándolo de chofer de aviones.
- Don Jorge, usted ha venido roncando todo el viaje, y si llama al comandante, usted también quedará en evidencia .
- Tiene razón, Lizama, no quiero ensuciar mi brillante hoja de servicios, antes de jubilar.
Así sin mayores comentarios, se inició la vuelta hacia la ruta correcta. El avión viró lentamente en la dirección que Peralta indicaba, Lizama inició el descenso y se comunicó con la torre de control para recibir las instrucciones. Para concentrarse mejor, se puso los audífonos e inició las maniobras para hacer un aterrizaje perfecto en Panamá.
Don Jorge en tanto consultaba los instrumentos y le indicaba algo a Lizama, pero el joven con los gruesos auriculares puestos, no lo escuchaba.
Rodrigo Lizama estaba decidido a darle una sorpresa a Peragallo y aterrizar el avión por sus propios medios, sin esperar su regreso al sillón de mando.
El tiempo estaba tormentoso y había una gruesa capa de nubes que impedían la visibilidad hacia abajo, así que usando las refinadas técnicas ILS, inició el descenso mediante instrumental de navegación.
El avión entró de lleno en un manto de nubes y empezó a moverse bruscamente, Lizama decidió sacar los flaps para estabilizarlo y aumentó la potencia de los motores. Cuando salió de la masa nubosa, divisó la pista iluminada que se encontraba justo en la dirección que volaba. Estaba a punto de aterrizar, cuando se abrió la puerta de la cabina y entró Peragallo.
- ¿Qué tal lo estoy haciendo, comandante? No quise despertarlo, así que hice la aproximación por instrumentos y estoy a punto de aterrizar.
Mientras Lizama pronunciaba esta frase, el avión tocaba las ruedas en la pista y rápidamente inició el proceso de frenaje, había sido una maniobra estupenda.
Peragallo se sentó y miró las edificaciones del aeropuerto con sorpresa.
- ¿Oiga, Lizama, donde aterrizó?
- En Panamá, mi comandante.
- ¡Está loco Lizama! Estamos en Kingston, Jamaica.
- No puede ser, comandante, si seguí al pie de la letra las instrucciones de la torre de control...
- Lizama, ¿usted comprende bien el inglés...?
- Más o menos, comandante, pero le hago empeño...
- ¿Y usted, Peralta, por qué no le dijo a Lizama que estaba muy perdido...?
- Lo hice, comandante, pero este niño se puso los audífonos y no me escuchó más.
Peragallo, el intachable, nunca hubiese cometido un error de tal magnitud, así que para evitar males mayores, tomó el micrófono y anunció por los parlantes:
- Señores pasajeros, les habla el comandante. Para reabastecernos de combustible, hemos debido hacer una escala técnica en Kingston. En breves momentos, seguiremos nuestroviaje hasta Panamá.
Era de noche, la mayoría de los pasajeros dormía, así que nadie preguntó por qué habían aterrizado 200 millas al norte de Panamá, si el avión tenía problemas de combustible.

Enero 1989