El comandante Peragallo fue llamado de urgencia para que reemplazara a Zamora, uno de los pilotos de la nueva hornada, quien se encontraba muy enfermo.
La aerolínea aprovechando una ampliación de capital había reemplazado los viejos y vetustos 707, por nuevas naves computarizadas, modelo 767, que tenían gran autonomía de vuelo.
Peragallo se sentía inquieto, ya que después de la venta masiva de los 707, había seguido unos cursos para guiar estos nuevos aviones, habiendo estado en los simuladores de vuelo de Houston, pero dada su antigüedad en la empresa, lo habían destinado a trabajos en el área de operaciones. Se encontraba virtualmente retirado y jamás había tenido la oportunidad de comandar uno de estos nuevos aparatos, a pesar de haber aprobado todos los cursos que se le dieron en su época.
De haberse ceñido a los estrictos procedimientos aeronáuticos, Peragallo debía haber efectuado varios vuelos como copiloto de estos aviones, antes de volver a ocupar su asiento de comandante. Como la situación era desesperada, ya que el pasaje estaba completamente vendido y no había nadie disponible para comandar la nave, la alternativa de entregar el mando de la nave a un copiloto parecía más riesgosa, que recurrir al avezado Peragallo.
Uno de los problemas que más preocupaba al comandante, era que en estos nuevos modelos, el ingeniero de vuelo había sido reemplazado por una computadora y tendría que hacer este vuelo solamente asistido por el copiloto.
Con la llegada de estos nuevos aviones 767, se había producido un fuerte tiraje en la chimenea de los ascensos y la mayoría de los compañeros de Peragallo, se retiraron de la aerolínea, ya que eran todos de una generación anterior a la era de la computación.
El comandante Peragallo no era ajeno a este temor generalizado entre sus congéneres y no se sentía cómodo teniendo que guiar este avión, usando sólo las computadoras, debiendo recurrir ante cualquier duda a la ayuda del joven copiloto. Como su fama era legendaria en la empresa, no podía demostrar ante esta inédita ocasión, que era un neófito en estas materias, ya que su orgullo no se lo permitía.
Al subir al avión, la jefa de cabina lo saludó afectuosamente con una frase que le llegó a lo más profundo:
- ¡Hola, comandante, que alegría tenerlo de nuevo por aquí! En este vuelo tendremos, por fin, un verdadero maestro al mando del avión...
Peragallo se sintió tocado y pensó para sí mismo:
- ¡Un maestro de enseñanza básica que usa el pizarrón y la tiza...!
El copiloto se sorprendió al verlo entrar en la cabina de mando, ya que al parecer no se le había notificado del cambio habido y lo saludó de una manera extraña:
- ¿Qué pasó con el comandante Zamora?
- Está muy enfermo, así que decidieron que yo lo reemplazara.
- Pero, ¿usted no estaba retirado comandante Peragallo?
- No, copiloto, estaba en operaciones y volé durante muchos años, en la ruta que hoy haremos.
- ¿Usted volaba en los viejos 707?
- Así es, ¿usted voló en ellos?
- No, comandante, los conocía de nombre solamente. Creo que eran unas matracas voladoras...
¡Un mocoso insolente era este copiloto de apellido Von Bichohausen! ¡Buen ayudante tendría, una auténtica cobra...!
Pusieron en marcha los motores del avión y Peragallo inició el carreteo hacia el cabezal de la pista. Von Bichohausen tecleaba raras fórmulas en la pequeña pantalla computacional que disponía.
Peragallo dió la orden de sacar los flaps y ponerlos a 45 grados. El copiloto lo miró extrañado y le dijo:
- ¿Por qué no lo hace usted mismo en su pantalla?
Peragallo estaba atónito, ya que no recordaba nada respecto a este tema, en los cursos realizados hacía ya 3 años en Houston.
- Mire, copiloto, una orden de su comandante es para cumplirla. Si no le parece bien, dígamelo y lo bajo inmediatamente del avión.
Von Bichohausen escribió unos raros jeroglíficos en la pantalla y Peragallo puso los motores a máxima potencia para iniciar el despegue.
El avión corrió por la pista hasta alcanzar una velocidad de 250 kms/hora y empezó a elevarse, en medio de un fuerte viento cruzado que inclinó levemente la nave hacia un costado. Peragallo guardó rápidamente el tren de aterrizaje, recogió los flaps y aumentó la potencia de los motores al máximo. El 767 empezó a remontar las nubes que cubrían la zona del aeropuerto, en medio de algunas turbulencias ligeras.
Al cabo de unos pocos minutos se veía el cielo estrellado, y Peragallo orientó el avión en forma manual hacia la ruta que le indicaba la torre de control.
Von Bichohausen lo miraba intrigado mientras hacía estas maniobras y comentó:
- ¿Comandante, ¿por qué no usa el computador para programar la ruta que seguiremos hasta Miami?
Peragallo no podía reconocer ante su subalterno, la completa ignorancia que tenía en este tema, así que le respondió secamente:
- ¿No es eso parte de su trabajo, copiloto? Hágalo con mucho cuidado que yo lo revisaré minuciosamente.
Von Bichohausen agachó la cabeza y se sumergió en la programación de la ruta, a través de un complejo sistema vectorial.
Peragallo no sabía mucho de computación, pero se consideraba un experto en interpretación de gráficos, así que cuando Von Bichohausen terminó su trabajo, le pidió que le mostrara en la pantalla, el mapa con la trayectoria que recorrerían, las alturas y velocidades en cada uno de los tramos. Peragallo después de analizar el mapa en pantalla le dijo a su copiloto:
- Este tramo después de Lima, es incorrecto. No sobrevolaremos Bogotá, sino que iremos directo hasta Panamá y ahí nos desviaremos hacia Miami.
- Pero, comandante, ese recorrido es más largo...
- Me tiene sin cuidado lo que usted piense al respecto, modifique la programación de acuerdo a mis indicaciones. Esta ruta la he hecho por más de 10 años y no veo por qué voy a cambiarla ahora.
- ¿Usted no vió la carta sinóptica del tiempo en la zona de Panamá?
- Haga lo que le indiqué y yo veré si al aproximarnos a Panamá, es necesario modificar la ruta.
Acto seguido Peragallo se levantó de su asiento y salió para dirigirse hacia la cabina de primera clase. Se sentó en una amplia butaca y se dio cuenta que estaba transpirando profusamente, le pidió un refresco a la jefa de cabina y meditó en esta experiencia que le estaba resultando insoportable. Por suerte, tenía un copiloto bastante astuto y experimentado con estos sofisticados comandos computacionales. A los pocos minutos estaba durmiendo profundamente.
Unas fuertes turbulencias del avión lo despertaron sobresaltado y se dirigió hacia la cabina de mando, pensando que habían llegado al área de mal tiempo en las cercanías de Panamá y tendría que desviar el rumbo de acuerdo a lo que le había señalado antes Von Bichohausen.
Una vez en el sillón del mando, miró la pantalla y vió que iban descendiendo en medio de un espeso de manto de nubes tormentosas.
- ¿Qué ocurre, Von Bichohausen, ya llegamos a Panamá?
- Comandante, usted tenía toda la razón, pasamos sobre Panamá hace algunas horas, sin mayores problemas. Ahora estamos iniciando la aproximación hacia Miami, que está con un tiempo turbulento.
- ¿Sabe, copiloto, por qué no realiza usted el descenso sobre Miami y así aprovecha de ir ganando experiencia, para ascender pronto a comandante?
- Gracias, comandante Peragallo, son pocas las veces que uno tiene esta oportunidad.
Una vez estacionado el avión en la losa de Miami, Peragallo se levantó de su asiento y felicitó a su copiloto:
- Excelente, Von Bichohausen, fue un aterrizaje perfecto.
Pero, el comandante estaba preocupado por el viaje de regreso, ya que se sentía muy complicado con esto de la computación y quería mantener incólumne su prestigio en la línea aérea, así que decidió aprovechar esta oportunidad para decirle a su ayudante:
- Mire, copiloto, como un premio a su pericia le permitiré que sea usted quien comande parte del vuelo de regreso, por supuesto que bajo mi supervisión...
- ¡Qué gran tipo es Peragallo, como sabe motivarlo a uno...! - pensó feliz y emocionado el copiloto.

Marzo 1990